Comptem amb ells per la regeneració del barri?
El bar Marsella, el más antiguo de Barcelona (inaugurado en 1820, según algunas fuentes), parecía tener las horas contadas. El propietario del edificio ha decidido vender el bloque completo y, por ello, se niega a renovar el contrato de alquiler a José Lamiel, quien dirige actualmente el establecimiento por el que pasaron, entre
otros, Picasso, Dalí, Hemingway u Ocaña.
El apoyo ciudadano (en change.org ya hay casi 3.000 firmas contra el cierre) que ha recibido durante las últimas semanas, tanto de vecinos, clientes, y de otros bares míticos de la zona, le ha hecho coger fuerzas.
El ayuntamiento de Barcelona insiste una y otra vez en que se trata de un conflicto entre intereses privados, que lo máximo que pueden hacer es lo que, de hecho, ya han hecho: poner un servicio de mediación entre ambas partes. “Se está trabajando, pero este tipo de negociaciones nunca son rápidas”, apuntan. La idea está clara: un propietario quiere vender su edificio (un edificio que el propio consistorio denunció que estaba en mal estado) y en el “pack” está incluido el Marsella. ¿Pero estamos hablando de un simple bar, un local más para aumentar la transacción, o de un patrimonio de la ciudad?
Es cierto que el Ayuntamiento incluye el establecimiento en su catálogo de patrimonio, pero con la calificación C, el nivel de protección más bajo. Literalmente podemos leer en el catálogo: “El interés del bar Marsella radica en que crea un tipo de ambiente característico del Raval, seguramente imposible de exportar a otra zona de Barcelona. El estado de aparente dejadez le confiere un tono apto para las reuniones bohemias. La singularidad, pues, no hay que buscarla ni en el mobiliario -vitrinas, espejos y pavimentos un tanto degradados, e iluminación incorrecta-, sino justamente en la capacidad evocadora a otro momento histórico que este local provoca”. Incluso reconocen en el texto que “han ido desapareciendo locales similares en la zona”. Por ello, si hay que intervenir como consistorio, se debe garantizar el “mantenimiento ambiental” y el “de los elementos ornamentales interiores originales”. Una solución sería que el comprador del edificio ofreciera al gerente del local un nuevo contrato de alquiler o de compra, y esas y otras alternativas, según nos explican desde fuentes oficiales, están proponiendo como mediadores. De momento, no hay resultados concretos.


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